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19 nov 2013

¿Qué te pasa?... Nada



Y de pronto un día estamos serias y distantes. Si hubiésemos vivido hace 60 años, la estatua del General Patton que hay en Ettelbruk…. Llevaría nuestra cara. Con el ceño fruncido y ni el más mínimo atisbo de sonrisa.

¿Qué narices le pasa ahora? Piensa él.

Sin embargo, como no puede estar  en dos cosas a la vez y su cerebro debe focalizar la atención en una sola, decide ver los deportes (como es lógico, porque ayer se jugó  un partido decisivo: el Villarobledo del Campo contra el Remolinos Futbol Club, por el ascenso a segunda B).

El tiempo pasa, los segundos cuentan y pesan como años. Nuestra tez pálida de porcelana va tomando un color inusual, rosado tirando a carmín y el General Patton empieza a transformarse en un concursante de Gran Hermano a punto de estallar, porque alguien se ha comido sus tres galletas (humillante, sí, pero las cosas son como son. No hay por qué disfrazarlas)

De vez en cuando él plantea alguna pregunta o cuenta una anécdota del trabajo.  Posibles respuestas que recibe:
- Sí
- No
- No lo sé
- Me da igual

Y todas sin contacto visual (fundamental en todo este proceso. Si tenemos contacto visual con él no estamos en el ranking de las más dignas del planeta).

Entonces él empieza a plantearse la opción, remota y extraña, de que podamos estar molestas por algo. Pero, si esta mañana estaba bien. Bah, serán cosas mías.

Los segundos ahora son siglos.

Por fin, él, tímidamente y un poco desganado formula la gran pregunta. ¿¿Qué te pasa??. NADA (ahora sí es carmín, pero carmín del número ocho de Loreal)

Bien, aviso a navegantes y aclaración necesaria: ese NADA es un arma de doble filo. Ese NADA sólo tiene cuatro letras pero muchísima información:

No sabes lo que me pasa. Pues deberías
Así que no le has dado importancia alguna. Vaya tela
Después de tanto tiempo juntos y sigues sin conocerme
Aplícate para caer en la cuenta en los próximos tres minutos o el carmín va a pasar a ser  el último color que recuerdes

Si él toma ese NADA como NADA, la situación puede tornarse hostil dónde las haya. Opción a la que no le hacemos ascos, porque unos reproches de vez en cuando y alguna subida de volumen rejuvenecen a cualquiera.

Vamos a pensar que él elige el camino correcto e intenta hacernos cambiar de actitud.

La mayoría de las veces estamos en esa situación por cosas nimias, pequeños gestos que no nos han gustado o esperábamos que fuesen de otra manera. La clave está en el cariño y la paciencia con que se haga frente a su actitud de hielo.

Él nos acaricia la cara y vuelve a preguntar con una voz serena y dulce. Ni la más mínima muestra de cambio, ¡a orgullosas no nos gana nadie!. Bien. Paciencia. Nuevo intento.

Ya empezamos a bajar la guardia (bueno, lo de orgullosas era una intención y ya sabéis, las intenciones no siempre se pueden llevar a cabo).

Ahora es el momento de hacernos reír. Carcajada simultánea. ¿Por qué estaba yo así? Ah sí, porque no me ha devuelto la llamada…seguro que estaba reunido. Se acabó el problema. No somos tan complicadas, sólo un poquito especiales. Pero ahí radica nuestro encanto.

Besitos. *Ángela*

P.D. Estoy enlazando esta entrada a la Fiesta de Enlaces de personalización de Blogs
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